logo CDH Frayba
CENTRO DE DERECHOS HUMANOS
Fray Bartolomé de Las Casas, A. C.

JORNADAS SOBRE EL IMPACTO DE LA MILITARIZACIÓN
"Por la desmilitarización unamos nuestras resistencias"

San Cristóbal de las Casas, Chiapas;
19 de Noviembre del 2003

Impactos comunitarios de la militarización: Acteal, crimen de lesa humanidad, en espera de justicia.

Hablar de militarización, a diez años de iniciando el conflicto armado, implica necesariamente referirnos a la acción de grupos paramilitares, y por tanto, al impacto que estos produjeron en comunidades del estado de Chiapas.

Con el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, se militarizó el Estado de Chiapas, y se establece una fuerte estrategia de contrainsurgencia, y en consecuencia el incremento de violaciones a los derechos humanos.

En 1995 se establecieron las bases para la negociación entre el EZLN y el Gobierno Federal, se firmó la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas, la cual impedía que el Ejército Mexicano actuara directamente en contra del EZLN. Ante esta limitante, el Gobierno Federal implementa, como parte de su estrategia contrainsurgente, la Guerra de Baja Intensidad; la confrontación dejó de ser frontal y el Ejército Mexicano comenzó a preparar grupos paramilitares para atacar a las bases de apoyo, simpatizantes Zapatistas y de oposición al gobierno

Estos grupos paramilitares(1) contaron con el apoyo de diversas autoridades, tanto municipales como estatales y federales. Se componían, principalmente, de campesinos indígenas, así como de caciques y terratenientes afiliados al PRI; actuaron colectivamente y en complicidad con los cuerpos de seguridad pública; fueron entrenados por ex militares(2) y han gozado de impunidad por parte del gobierno del Estado. Además, a los miembros de estos grupos les eran entregados estímulos económicos como salarios y equipo de defensa, tales como armas y uniformes.

Esta estrategia paramilitar se incuba en la zona norte-selva del Estado, particularmente en los municipios de Tumbalá, Tila, Sabanilla y Salto de Agua. Es entre 1995 y 1996, mientras transcurrían las Mesas de San Andrés, que a la par el Gobierno Federal promovía la conformación y la acción de grupos paramilitares en esta región, provocando así, desplazamiento de miles de personas, ejecuciones y desapariciones forzadas, entre otras graves violaciones a los derechos humanos.

Es en este contexto de guerra, en el que las acciones paramilitares fueron parte clave de la estrategia contrainsurgente, que en el municipio de Chenalhó se impulsa también la acción paramilitar, creando así un ambiente de tensión en las comunidades, provocando el desplazamiento cientos de familias, y en diciembre del 1997 masacrando, en la comunidad de Acteal a hombres, mujeres y niños quienes oraban por la paz..

Ese 22 de diciembre de 1997, un grupo de hombres armados con machetes y armas de uso exclusivo del Ejército, asesinaron brutalmente a 45 indígenas tzotziles (en su mayoría niños y mujeres, 4 de ellas embarazadas) ubicados en el campamento de desplazados en Acteal, municipio de Chenalhó. Gran parte de las víctimas de la masacre eran integrantes de la Sociedad Civil Las Abejas, quienes dos días antes, habían iniciado una jornada de oración y ayuno pidiendo por la paz en el municipio ante las amenazas constantes de parte de los grupos paramilitares existentes en la región.

Los agresores fueron identificados por los sobrevivientes como integrantes de grupos paramilitares, militantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI); casi todos vestían de negro o de azul, a la usanza de la policía de Seguridad Pública, y llevaban paliacates rojos puestos en la cabeza.

Después de ocurrida la masacre, los cuerpos fueron levantados por miembros de Seguridad Pública para evitar a la prensa y ocultar así la magnitud de la matanza. El inició de las investigaciones es marcada desde ese momento por la impunidad, arbitrariedad y complicidad de las instancias procuradoras de justicia estatal y federal y con ellas el peregrinaje de los sobrevivientes en el sistema de administración y procuración de justicia del país, que hasta la fecha no ha terminado.

Fueron iniciadas 13 averiguaciones previas en las que se investigaría la responsabilidad en el caso tanto de los autores materiales, como de funcionarios públicos que no evitaron la consumación de los hechos y que toleraron el equipamiento y formación de grupos paramilitares en la región. Esas 13 Averiguaciones dieron lugar a 11 Causas Penales (pues algunos procesos se acumularon) que serían conocidas por los Juzgados Federales en su mayoría, y un par de ellas por el Juzgado del Fuero Común en San Cristóbal de Las Casas.

Dentro de dichas causas, fueron detenidos 88 civiles indígenas; 24 de ellos fueron sentenciados a 36 años y 3 meses de prisión, (uno es el ex presidente municipal de Chenalhó por parte del PRI Jacinto Arias Cruz), cuya pena fue confirmada por el Tribunal de Apelación; 6 civiles más fueron absueltos en noviembre del 2001 POR CONSIDERAR EL Juez que no existían elementos que acreditaran su responsabilidad; y uno más falleció durante el proceso. También fueron procesados 14 ex funcionario públicos, 3 de ellos acusados de homicidio y lesiones por omisión.

Los delitos por los que se siguió proceso a los detenidos fueron: homicidio calificado, lesiones calificadas y Portación de Armas de uso exclusivo del Ejército, sin embargo es de llamar la atención que pese a que el ministerio público, consignó también por asociación delictuosa, un juez federal desacredito este delito(3), lo cual diluyó la investigación hacia la comprobación de la existencia de grupos paramilitares "...a pesar de que con las constancias procesales que indican que el día 21 de diciembre en la comunidad de Canolal y Quextic se reunieron varias personas (todas ellas con identidad política, el PRI y Cardenistas -eran aliados-) de diversas comunidades (todas del Municipio de Chenalhó) y en ella acordaron el modo en que se realizaría la agresión (por los resultados, se vestirían con los uniformes que compraban a la policía, llevarían las armas que los jefes proveerían y las propias). El objeto de la organización (tenían jefes y cierta estructura) era matar a los Zapatista, robar casas y café (delitos en género), dominar políticamente la comunidad(eran del PRI y pretendían que no existiese opción política)"(4)

Según el discurso oficial, la masacre de Acteal, se caracterizó por tratarse de un conflicto intercomunitario e incluso interfamiliar, dentro de un contexto de disputa constante del poder político y económico, pretendiendo minimizar el ambiente de guerra y reducir la masacre a un problema local entre indígenas, sin implicar al gobierno federal y estatal en esta responsabilidad. Los organismos defensores de derechos humanos, y diversas organizaciones sociales, nacionales e internacionales no aceptamos esta interpretación y cuestionamos la omisión en la investigación de elementos del conflicto tales como la existencia de los grupos paramilitares, su relación con la presidencia municipal priísta y demás autoridades federales, quienes son actores de la masacre y deja en impunidad a los autores intelectuales, preservando así la permanente y sistemática violación a los derechos humanos.

Actualmente aún se encuentran abiertos y en reposición de procedimiento tres juicios seguidos a civiles: en ellos, en total, aún se sigue proceso a 53 indígenas, quedando 29 órdenes de aprehensión libradas por la autoridad judicial federal que no han sido ejecutadas, y que a decir del Ministerio Público Federal, "no pretenden ejecutarse para evitar crear más problemas al entrar a la zona de conflicto". Así se "cuida" el Estado de Derecho.

En los procesos en reposición de procedimiento, ya habían sido dictadas sentencias condenatorias en contra de los acusados, que fueron revocadas en apelación o por resolución de Juicio de Amparo Directo. Sin embargo desde fines del año pasado, la Iglesia Nacional Presbiteriana, quien lleva la defensa particular de dichos procesados civiles, inició una campaña a favor de sus presos, argumentando que eran chivos expiatorios y que los señalamientos hechos en su contra, eran un "claro ejemplo de intolerancia religiosa", dado que varios de los sindicados son presbiterianos y protestantes.

La actual defensa de los detenidos pretende crear confusión y minimizar el hecho y su contexto, haciendo creer a la opinión pública que las ejecuciones se dieron por conflictos religiosos. Sin embargo, es claro que con la masacre de Acteal se demuestra la existencia de "grupos paramilitares", mediante los testimonios y declaraciones de los sobrevivientes en los procesos penales, al narrar que un grupo de personas del sexo masculino vestidos de color azul marino y negro, casi como el uniforme de Seguridad Pública del Estado, que portaban armas de fuego, les empezaron a disparar.

A través de la palabra, tanto de sobrevivientes, como de testigos y de los mismos inculpados, en relación a la preparación y realización de la masacre, la autoridad judicial tuvo conocimiento de la responsabilidad del Ejército Federal Mexicano en el entrenamiento de los paramilitares; de la protección y tolerancia que esos grupos recibían de la Presidencia Municipal Priísta y Policía de Seguridad Pública; no cabe duda de la responsabilidad penal que los ahora presos en Cerro Hueco tienen como autores materiales en los hechos, porque los señalamientos son directos y contundentes.

No hay indicio alguno en las actuaciones judiciales, de que la masacre de Acteal haya sido una venganza de ningún tipo, como lo pretende presentar la defensa de los detenidos, sino una acción organizada e intencionada contra población civil organizada, con el fin de contener las acciones que pudieran fortalecer las reivindicaciones de pueblos indígenas por sus derechos, y a la par golpear y disminuir a posibles aliados del EZLN.

A más de 6 años de la masacre de Acteal, la responsabilidad Internacional del Estado Mexicano sigue pendiente por falta de justicia. Las sentencias resueltas "conforme a derecho" no condenan a la reparación del daño a favor de las víctimas y de sus familiares, ni la persecución de actos criminales de grupos paramilitares, o la participación directa en la decisión y planeación de este crimen de lesa humanidad de funcionarios de alto nivel tanto estatales, federales y del Ejército Mexicano. Tampoco hubo justicia para los no nacidos y mucho menos se consideró el respeto a la maternidad.

Los expedientes judiciales son prueba de la responsabilidad del Estado Mexicano del incumplimiento su deber de garantizar a las personas el libre y pleno ejercicio de los derechos más elementales como la vida, la seguridad e integridad físicas; de prevenir toda violación a los derechos reconocidos en la Convención Americana sobre Derechos Humanos; de proteger a las víctimas a través de un recurso sencillo y rápido contra actos que violen sus derechos fundamentales, y de repararles en consecuencia los daños causados.

Sin embargo y a pesar de las graves consecuencias de la Guerra de Baja Intensidad, las víctimas de dicha guerra y los sobrevivientes de la masacre, aprendieron a superar el dolor y a recuperar la esperanza individual y colectiva, contribuyendo a la construcción de una cultura de paz, desde su dolorosa experiencia como pueblos desplazados y sobrevivientes.

El papel de las mujeres ha sido fundamental, pues a pesar de ser el sector de la población más vulnerable a los efectos de la militarización, ellas han luchado por defender su dignidad como mujeres y como indígenas; por defender el espacio donde sus hijos crecen bajo su propia cultura, tratando de evitar que se contaminen por la influencia militar. Han sido mujeres cuya valentía ha dado fortaleza a los que las rodean para seguir adelante. La herida ya no es fuente sólo de dolor, sino de fuerza para continuar el camino de esperanza.

Con todas las mujeres y los hombres que han trabajado por la reconstrucción de la paz, las organizaciones y la sociedad entera exigimos al Gobierno Federal tome acciones inmediatas para solucionar el conflicto armado no resuelto y cese a la guerra de baja intensidad y la estrategia de contrainsurgencia; ordene al Ejército Federal Mexicano regrese a sus cuarteles; se ejecuten las órdenes de aprehensión pendientes por la masacre de Acteal; castigue a los autores intelectuales y repare los daños a las víctimas y sus familiares; y tome medidas de no repetición de estos hechos.

La verdad y la Justicia siguen siendo una aspiración, mientras no se garantice una efectiva protección a los derechos más elementales de la población más vulnerada en nuestro país y continué siendo el blanco de las estrategias contrainsurgentes y de acciones de militarización; así como la impunidad ante la existencia de grupos paramilitares.

TESTIMONIO DE MARCELA VÁZQUEZ PÉREZ
Vecina de Campamento Reubicación Nuevo Yibeljoj
19/NOV/2003

El día 17 de septiembre de 1997 empezaron a buscar problemas los paramilitares, junto con los soldados empezaron a disparar sus armas cuando van caminando en camión, cuando nosotras vamos juntas caminando en el camino. Cuando llegamos a orar en la Iglesia cada día lo encontramos en el camino y disparan sus armas; no están de acuerdo con lo que estamos haciendo, nos quieren acabar, nos quieren matar, nos dio su poder el espíritu santo porque nunca nos encontraron y también empezaron a quemar casas en Los Chorros; se reunían para prepararse y las mujeres prepararon comida a los paramilitares para tener fuerza cuando matan.

Entonces llegó a suceder lo que habían pensado, el 16 de septiembre mataron a uno de sus compañeros en la colonia Los Chorros, cuando supimos lo que está pasando, salimos una mitad de nuestra comunidad y fuimos en la comunidad de Naranjatic Alto, pero en el camino nos llegaron a disparar los paramilitares y nos quedamos en medio de los cafetales junto con nuestros hijos, todo con lluvia y frío, por el miedo de las balas.

Y nunca se terminaba la guerra; los paramilitares se empezaron a comunicar por radio comunicación con Puebla, Yaxgemel y también con nuestros vecinos de Yibeljoj; y desde allí los paramilitares de los Chorros empezaron a pedir cooperación para la compra de municiones, porque ya lo vieron que ya se está acabando la paga. Los paramilitares empezaron a tomar mucha fuerza, y disparaban en cada casa donde veían que vivía gente de Las Abejas. Abandonamos la oración en la Iglesia, ya lo hacíamos en cada una de nuestras casas porque nos dimos cuenta que ya no podíamos salir en el camino; así pasó en nuestra comunidad de Yibeljoj, ya no pudimos juntarnos.

Todo esto originó el desplazamiento de nuestros hermanos y nuestros compañeros bases del EZ. Nosotros nos desplazamos y caminamos para llegar hasta X"oyep; de allí quedamos en cada una de sus casas las trece familias. De allí tuvimos hambre, compartimos el poco alimento que encontramos, así sobrevivimos. Después llegaron la Cruz Roja para dar la ayuda humanitaria, pero primero entraron los militares, llegaron diciendo que nos van a dar de comer, las medicinas si nos enfermamos; esto fue en un mes de enero que nos dijeron así.
Después se metieron para hacer un campamento en el lugar donde nos encontramos, y nunca estuvimos de acuerdo con nuestros corazones. Luego al segundo y al tercer día volvieron a meterse a un costado de nuestro campamento y nunca llegó bien en nuestro corazón para aceptarlo.
Finalmente fuimos a sacarlo todas las mujeres, niños y hombres en donde llegaron a donde estaban ahora. Después de esto el gobierno se metió junto con muchas prensas que llegaron a decir en nuestro campamento a preguntar si queremos alimentación, casas, escuelas y otras cosas ofreciendo.

Y nosotras lo rechazábamos todo, sólo pedíamos la justicia si de verdad iba a intervenir por la muerte de nuestros 45 compañeros en Acteal, pero nunca quiso escuchar toda nuestra palabra como desplazados en aquel campamento y de allí se regresó escapando el gobierno de Julio César Ruiz Ferro. Así nosotros quedamos solos reunidos a donde estuvimos; así pasó por nosotros el sufrimiento allá en X"oyep.
Nos cansamos de estar allí, porque lo vimos muy duro que no hay agua, no hay leña, y no hay donde podemos bañar. Después de todo este sufrimiento pensamos de buscar un terreno libre a donde hay agua, río para que vivamos en un solo corazón, que es donde estamos viviendo ahora en el Nuevo Campamento Reubicación Yibeljoj.

Así estamos la sociedad civil Las Abejas, y nunca estamos olvidando así como lo estamos haciendo la cultura de nuestros padres y madres.

Y cuando tenía como 14 días de nuestra llegada al Nuevo Campamento, se empezaron a juntar los paramilitares otra vez, y volvimos a tener miedo, tristeza y hasta llorar, pero no sólo empezamos a llorar sino que hacíamos oración con ayuno todos los días.

TESTIMONIO DE ELENA PÉREZ LUNA
Originaria de Acteal. 19/NOV/2003

El día 15 de Septiembre, se empezaron a matar los paramilitares en Los Chorros, y desde allí se entraron los elementos de la Seguridad Pública para ir a ayudar a acompañar a caminar junto con los paramilitares y también a disparar sus armas.

Caminaban armados en un camión los priístas, cardenistas y también las mujeres se trasladaban juntos con el camión de la Seguridad Pública, y de allí empezaron a decir que lo ven muy bien. Luego, el pasado 16 de diciembre del 97, hubo un joven, nos dijo que adonde estaban los zapatistas, hay problema, y los de la Seguridad Pública le creyeron y así se metieron con sus carros adonde se encontraban los zapatistas, esto habrá como siete elemento pero las mujeres del EZ, no lo aceptaron, empezaron a sacarlo primero hicieron solos. Cuando lo vieron, que no pudieron sacarlo, después nos llamaron a cinco mujeres, llegaron a platicar con nuestros catequistas y representantes para pedir nuestra ayuda. Nuestros representantes dijeron que podemos ir nosotras como mujeres de Las Abejas. Primero fuimos nosotras como mujeres, después fueron los hombres, y así primero fuimos las mujeres, esto está aún a cierta distancia después de la escuela de Acteal, lo encontramos los de Seguridad Pública.

Llegaron diciendo que nosotros venimos para guardar el orden por ustedes porque escuchamos que hay problema, dijeron. Nosotros venimos a construir nuestra casa aquí para que no suceda la matanza, dijeron los de la Seguridad Pública, y nosotros les respondimos como mujeres que no estamos de acuerdo, que sólo vinieron a molestar, las mujeres de éste lugar dijimos, porque a nosotras como mujeres no tuvimos miedo por ellos, y así pudimos sacarlo por el motivo que no estamos de acuerdo, todo lo que hacían elementos de la Seguridad Pública junto con los paramilitares. Y todos anduvieron latas, subiendo y bajando con sus armas, cuando pasaban en los caminos, disparaban sus armas y después de esto, comenzaron a matar lo del 22 de diciembre, muchos hombres, mujeres y niños murieron por causa de que nosotras pedimos por la paz y la tranquilidad en todo nuestro municipio y nunca nos echamos hacia atrás o tuvimos miedo que quedamos manchado de sangre, aunque tuvimos mucha tristeza por el motivo que quedamos incompletos y otras de las cosas, quedó muchos heridos y muchos de ellos derramaron muchas lágrimas. Ya cuando después de dos o tres días de la masacre, empezamos a tomar mucha fuerza, empezamos a difundir abiertamente lo sucedido por causa que no tuvieron ninguna culpa los masacrados, empezamos a decir abiertamente lo que hizo el gobierno Ernesto Zedillo y Julio César Ruíz Ferro, por el motivo que ellos dieron las armas.

Así lo hicimos, empezamos a gritar en todo el mundo para decir lo que hicieron el mal gobierno, que no está bien lo que estaba haciendo, que estuvo metiendo a los militares, y todo lo que dijimos sucedió, cuando ya estaban los militares, empezaron a molestar nuestras tierras, empezaron a cortar nuestros arboles, y lo mismo pasó en otros lados, ya nunca nos preguntaron, ya no fuimos respetados, y también a nosotras como mujeres cuando andamos caminando si llegamos a donde estaban en sus campamentos empiezan a hacer de todo, nos burlan, saben porque ya están acostumbrados a hacer las cosas malas.

Nosotras como mujeres nunca tuvimos miedo por ellos, empezamos a juntarnos en contra de los militares para decir lo que no nos conviene en nuestros corazones y nosotras ya estamos un grupo trabajando en la artesanía, en los tejidos, porque así lo pensamos por causa de que escuchamos que estuvo metiendo muchos programas de gobierno, daba apoyos en recursos económicos, así como el PROCAMPO, PROGRESA, que así lo llamaron antes y luego pensó para que no supiéramos como ahora la llaman OPORTUNIDADES y nosotras como mujeres nunca estamos de acuerdo porque nosotros queremos nuestros derechos sobre como podemos mantenernos solos, y hasta ahora, no terminamos a publicar lo que había sucedido por nosotros y también que allí seguían los militares en nuestras regiones.

Nunca estamos de acuerdo en lo que estaban haciendo porque molestan mucho a otras mujeres jóvenes y se casan con ellas y otra de las cosas, no duran mucho tiempo casados, solo tratan de molestar a las muchachas y por esto nunca terminaremos de publicarlo.

Nosotras queremos el respeto y el respeto en nuestras ideas, que tengamos nuestros derechos durante toda nuestras vidas.

Testimonio de Antonia Pérez Gómez.
19 de Noviembre del 2003.

Un día 16 de Septiembre de 1997, empezaron a buscar un problema los paramilitares y los militares para la arena de graba, esta peleando con el EZLN. En mismo día, nosotras de la comunidad Yibeljój salimos de nuestras casas por el miedo a los militares, y con los paramilitares que disparan de donde quiera cuando están caminando.

Las mujeres de priístas ya no tienen miedo a los militares están viajando en su carro de militares dijeron que es buena comentaba. Nosotras en un mes de noviembre un día 16 fue este día alrededor de nuestras casas están disparando las armas.

Los paramilitares en cada casa de nosotras tenemos un escrito dice Sociedad Civil zona neutral, por eso no quieren ver estas escritos, así que nos quieren matar. Cuando vemos que no podemos vivir en nuestros lugares nosotros pensamos ir a X"oyep.

Un día 22 de diciembre cuando llegaron a matar los paramilitares en Acteal nosotras escuchamos rumores que quieren venir a matarnos en X"oyep, ya no llegaron allí, porque primero llegaron los militares en este lugar.

El día primero de Enero año de 1998, allí llegaron 3 militares a las 7 de la mañana al dentro del campamento X"oyep, cuando llegaron dijeron los militares nosotros venimos a ofrecer sus alimentos, y medicamentos y guardiamos para que nadie se los molestara así dijeron los 3 militares. Nosotras contestamos: no es cierto sus palabras, ustedes si nos vienen a molestar, dijimos sálganse de este lugar, nosotras no queremos sus presencia sólo vienen a amenazar con sus armas, pero quien los manda aquí, en este día ya se retiraron se fue en otro lado.

Al otro día enseguida vinieron otra ves donde estábamos nosotras, llegaron muchos y llevaron muchas cosas, llevaron azúcar, frijol, huevo y gas para fuego y hay un señor los pagaron para cargar sus cosas y con su caballo.

Nosotras de mujeres de las abejas lo pensamos que voy a empujar para que se salgan pero son muchos los militares, parte que están en grupos, otros que están encontrando en el camino, al frente del campamento. Cuando los empujamos se retiraron lejos a nosotras.

Al siguiente día 3 de Enero entraron otra ves, allí se fue muy difícil, los niños y las niñas primero entraban a empujar donde están los militares, pero no nos respetaron, nos aventaron una navaja y nos echaron patada, un joven fue muy molestado y le aplastaron su cabeza con la rodilla y un militar agarrar en su cuello, cuando están agarrando se lo aventaron en el suelo, cuando los niños lo vieron esto se salieron corriendo por el miedo.

Nosotras de las mujeres los encontramos, no tuvimos miedo, nosotras fuimos primero al frente de los militares. Los hombres allí están atrás de nosotras. Los hombres dijeron no queremos militares no queremos ver.

Sólo vienen a golpear y vinieron muchos militares encabronados y trajeron antibala, están juntos con seguridad pública y militares, venía un seguridad pública platicando con nosotras lo dijimos claro es una amenaza que traen que es lo mismo que los paramilitares.Y tienen armas juntos con los paramilitares, no dijimos nosotras que no queremos estar aquí y allí, empezaron a molestar a golpear con la culata de la arma y nos echaron patada. Cuando recibimos esto no tuvimos miedo era como a las 12:00 del día, viene un helicóptero lleno de los militares es que quieren echar bomba a nosotras, cuando lo vimos mis compañeras lo agarraron de la garganta de un militar se regreso corriendo.

Así terminó y regresó los militares, pero fue lejos. Allí se pidió terreno de un señor priísta, allí quedaron hasta ahora en este lugar siguen molestando a las mujeres y ofrecen alimentos en cada campamento los militares; así como en Majomut.

Nosotras como las abejas, cuando pasamos en el camino a donde se encontraban, vienen a taparnos y nos miran mucho y lo mismo sucede con la seguridad pública en el campamento de Yibeljoj a una distancia de 150 metros de nuestro campamento. Y hasta ahora siguen disparando sus armas y nos dicen palabras malas, para intimidarnos y de esto tenemos un poco de miedo.


NOTAS:
  1. "En base a su estructura y forma de actuar podemos decir que en general, son organizaciones ilegales de personas que utilizan la violencia y el terror para debilitar la oposición armada y civil, y lo hacen apoyadas por agentes del Estado, a través de recursos económicos y/o militares, entrenamiento, protección e impunidad" Los Grupos Paramilitares en Chiapas. Folleto editado por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas. Pág. 8
  2. Según consta en la Causa Penal Número 96/98 ante el Juzgado Primero de Distrito, instruida en contra de Mariano Pérez Ruiz, ex militar condenado por Portación de arma de fuego de uso exclusivo del ejercito, Armada y Fuerza Aérea.
  3. Delito previsto y sancionado en el artículo 164 del Código Penal Vigente en materia Federal y en materia del fuero común sólo para el distrito federal. La Ley contra la Delincuencia Organizada, artículo 2 incisos a) al e) fracción II.
  4. Acteal entre la lucha y el duelo. Centro de Derechos humanos Fray Bartolomé de las Casas. San Cristóbal de las Casas: 1998. Pág. 85.